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El blog gay que casi escribí

Antes de que existiera paigar.eu pensé en montar un blog desde mi identidad gay: tres candidatos, los tres viables. No los hice porque ser gay es fundamental en mi vida, sí, pero no es definitorio. Esa distinción es la que terminó dándole forma a este cuaderno.

Cuaderno de tapa de cuero abierto sobre una mesa de madera; una página recién pasada conserva la curva del pliegue, la nueva está limpia y lista para escribir. Al fondo, desenfocadas, la silueta de una ventana y la de una taza de café.

Hace un tiempo, antes de que existiera paigar.eu, me senté a pensar qué iba a ser este sitio. Llevaba años manteniendo Idenautas como espacio profesional y bilbonauta.com como cuaderno de viaje, y empezaba a echar de menos un tercer sitio: uno más personal, donde escribir desde una voz menos comercial y menos turística. Algo más cuaderno, menos web. Más yo, menos vitrina.

En esa fase, la tentación de hacerlo desde una etiqueta concreta —ser gay— estuvo encima de la mesa unas cuantas semanas.

Tres blogs gays que estuve a punto de montar

El primero iba a ser sobre la vida gay de un desarrollador. No la versión del relato dominante —la del armario, la ansiedad, la salida tardía—, porque he tenido la suerte de no encontrarme en situaciones laborales que me obligasen a sentirme dentro de él. La versión que me tocaba a mí era distinta: la convivencia natural entre dos mundos —el técnico, mayoritariamente masculino y asumido como heterosexual por defecto; y el personal— en alguien que nunca tuvo que pelear esa pelea concreta. Esa cotidianidad sin drama, con lo que tiene de raro y lo que tiene de privilegio, me parecía un ángulo poco contado.

El segundo iba a ser sobre la vida gay en Bilbao. La ciudad tiene su propia escena, sus bares, sus rincones, sus cuadrillas; distinta a la madrileña, distinta a la barcelonesa, sin pretender ser ninguna de las dos. Hablar desde Bilbao en un mapa de referencias gays casi siempre madrileñas o americanas me parecía un servicio.

El tercero iba a ser una mirada gay sobre los viajes. Hay una geografía paralela que el viajero hetero ni intuye: qué muestras de afecto puedes permitirte en cada país, qué hoteles son seguros, qué barrios respiran y cuáles aprietan, en qué taxis bajas el volumen de una conversación y en cuáles no. Documentarla servía.

Cualquiera de los tres habría funcionado. No tengo ninguna duda. De hecho, sigo pensando que son tres blogs útiles que alguien debería escribir.

La pausa

Pero cuando llegó el momento de pasar de la idea al primer borrador, me paré. Y lo que me paró no fue el miedo, ni la pereza, ni el cálculo de audiencias. Fue una sensación más simple: que esos tres blogs habrían sido coherentes con una sola etiqueta de mi vida. Y mi vida no la organiza esa etiqueta.

Soy gay. Es cierto y no lo escondo. Pero soy también optimista por naturaleza, y soy alguien a quien le cuesta relacionarse con personas nuevas, y soy alguien que trabaja desde 1999 en lo que le gusta y eligió, lo cual es una rareza que conviene celebrar. Vivo en Bilbao. Tengo demasiados dominios y demasiados proyectos a medias. Soy hijo, hermano, amigo, vecino. Y unas cuantas cosas más que se suman a esa lista cualquier día.

Cualquiera de esas etiquetas, individualmente, habría podido sostener un blog. Cada una tiene su público, su tono y sus lectores potenciales. Pero ninguna de ellas, sola, me describe lo suficiente como para colocarla a la cabeza del cuaderno.

Fundamental, no definitorio

La distinción que terminé encontrando es ésta. Hay rasgos que son fundamentales —si los quitas, ya no soy yo— y rasgos que son definitorios —si los pones primero, hablan por mí—. Ser gay es fundamental: ha condicionado parte de a quién he querido, parte de mi círculo, parte de mi forma de mirar el mundo. Pero no es definitorio: no es lo primero que importa cuando escribo sobre Lume, sobre el último logo de un amigo, sobre por qué una termistancia cuesta lo que cuesta o sobre el monólogo de Roy Batty.

Un blog gay tiene la palabra gay en el marco. Todo lo que entra, entra por ese filtro. Las entradas se leen "como gay". El autor escribe "como gay". El lector llega "buscando lo gay". Y a mí, en este sitio, no me sirve esa lente. Sobre mí lo dice tal cual: "aquí escribo cuando me apetece, sobre lo que me apetece, con la extensión que me apetece". Y lo que me apetece, semana a semana, raramente cabe en una sola etiqueta.

Lo que sí pasa, y lo que no

Pasa que, de vez en cuando, escribo algo donde la identidad sí entra como ancla. Cuando defendí la bandera de seis franjas, o cuando conté el correo del Orgullo que recibo año tras año, no podría haber escrito desde otro lado: el texto necesitaba a alguien dentro del colectivo. Y eso está bien. Algunas cosas se escriben desde un sitio concreto y no desde otro.

No pasa, ni va a pasar, que paigar.eu se reorganice alrededor de la etiqueta. No habrá una sección dedicada al colectivo, ni un menú con "temas LGTBIQ+", ni un disclaimer de apertura. Las entradas que toquen el tema vivirán al lado de las demás, ordenadas por fecha como las otras, etiquetadas como las otras, sin más relevancia jerárquica que la que tienen las entradas sobre Bilbao o sobre desarrollo web. Es decir: la que les toque por contenido, no por casillero identitario.

Ese reparto me parece honesto. Es coherente con cómo funciono yo y con cómo funciona este cuaderno. Y libera al lector de la única expectativa que un blog identitario impone sin pedir permiso: la de leer cada entrada a través del filtro que el título del blog anuncia.

Por eso este blog no es un blog gay. Y por eso lo escribe alguien que sí lo es.

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